DIRECCIÓN DE CONSTRUCCIÓN vs CONSTRUCCIÓN TRADICIONAL

La dirección de construcción, en inglés construction management, es un sistema de organización de la obra en la que no existe un constructor principal. La obra se divide en lotes que son adjudicados a diferentes contratistas. El director de construcción supervisa y coordina el trabajo de todas las empresas que participan. Cada contratista factura directamente al promotor.

En la construcción tradicional, el cliente encarga la totalidad de la obra a un único constructor. Éste, a su vez, divide la obra en lotes, de los cuales subcontrata gran parte a otros contratistas y ejecuta por sus propios medios el resto. Los lotes que se suelen subcontratar son: estructura, impermeabilizaciones, tabiquería de yeso laminado, falsos techos, carpinterías, acabados y, por supuesto, todas las instalaciones (fontanería, electricidad, climatización…). El constructor se ocupa de la albañilería y de coordinar a los subcontratistas a los que ha adjudicado el resto de la obra.

En el apartado económico, los subcontratistas facturan al constructor, y éste, a su vez, factura todos los trabajos al cliente. Evidentemente, el precio que factura el constructor al cliente es el que ha pagado a los subcontratistas, incrementado en un porcentaje variable. En las obras oficiales este porcentaje está fijado en el 19 % en concepto de gastos generales y beneficio industrial.

En la dirección de construcción, el cliente contrata a un profesional (o a un equipo de profesionales), el director de construcción, que se ocupa de dirigir y gestionar todo el proceso constructivo. Como en el sistema tradicional, la obra también se divide en lotes. Pero estos son adjudicados por el director de construcción, en nombre del cliente, a las diferentes empresas que ejecutarán los trabajos. Éstas facturan directamente al cliente, pero es el director de construcción el que coordina y supervisa su trabajo. Evidentemente el cliente se ahorra el porcentaje que el constructor aplicaba a los precios de los subcontratistas.

En la construcción tradicional, el cliente no participa en el proceso de adjudicación de los lotes de la obra. En el sistema con director de construcción, el cliente decide su grado de participación: puede desentenderse por completo o puede participar activamente introduciendo empresarios de su confianza. En la fase de contratación, el director de construcción selecciona a los proveedores, analiza sus ofertas y ofrece al cliente la opción más adecuada en la relación precio/plazo de ejecución/calidad. Es el cliente el que tiene la última palabra en la adjudicación de los lotes. Así, siempre tiene el control sobre qué empresas ejecutarán su obra.

Cuando un cliente contrata los servicios de un director de construcción está contratando a un profesional que defenderá sus intereses y le representará ante todas las empresas que participarán en su obra. En el sistema tradicional, los intereses del constructor son los mismos que los de los subcontratista; y no tienen que coincidir, necesariamente, con los del cliente.

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