¿HAS SUFRIDO ÚLTIMAMENTE OBRAS DE REFORMA EN TU EMPRESA?

La necesidad de reformar o ampliar las instalaciones no es algo que sucede todos los días. Por eso, las empresas industriales no suelen tener un departamento dedicado a este asunto ni cuentan con procedimientos de actuación para estos casos. La mayoría de las veces la forma de actuar depende de la experiencia que se haya tenido en ocasiones anteriores, si es que las ha habido. Estos son algunos de los problemas más frecuentes que se presentan:

#1. La gestión de la reforma recae, dependiendo del tamaño de la empresa, en el director o en algunos de sus directivos de confianza. El elegido, que no suele tener experiencia en esta materia, debe compaginar este “encargo” con la realización de sus tareas habituales.

#2. Cuando la intervención precisa un proyecto técnico para obtener la licencia de obras (se actúa sobre la estructura, la cubierta, las fachadas…) suele ser el proyectista el que se encarga de la tramitación de las licencias municipales. Cuando es una “obra menor” y no es necesario que haya un técnico que redacte un proyecto, la tramitación de las licencias le corresponde al directivo responsable de la reforma. Debe ir al ayuntamiento, recopilar la documentación necesaria, presentarla en el ayuntamiento, contestar a los probables requerimientos…

#3. A la hora de contratar las obras, no existe una documentación precisa que detalle los trabajos a realizar ni la calidad que se espera de los acabados. En consecuencia, las ofertas que se reciben de los contratistas no son comparables entre sí. No todos ofrecen lo mismo, y no es posible saber si la oferta más económica es la más adecuada. En el caso de que sea necesario un proyecto técnico, éste se utiliza únicamente para la tramitación de las licencias, no como modelo para la presentación de ofertas. Esto es debido a que el proyecto lo suele redactar un ingeniero industrial, experto en las instalaciones, pero que no suele dominar los temas de albañilería y de acabados de la construcción.

#4. En la negociación del contrato con el/los contratista/s elegido/s el directivo responsable de la reforma no tiene la experiencia ni el conocimiento necesario para este tipo de situaciones. Conceptos como llave en mano, precio cerrado, plazo de garantía, retención de cantidades de dinero o precios contradictorios suelen ser desconocidos, dando una cierta ventaja al constructor en la contratación.

#5. En la  supervisión de las obras ocurre como en la selección del contratista. Si no es necesaria la presencia de un técnico director de obra, el directivo responsable debe supervisar los trabajos. En el caso de que sí haya un técnico director de obra, si éste es un ingeniero, puede que no tenga la experiencia necesaria para supervisar los trabajos de construcción.

6# En la recepción de las obras, el directivo debe comprobar que todo funciona correctamente y gestionar la realización de los “repasos”. Estas tareas se suelen retrasar bastante en el tiempo y son origen de bastantes quebraderos de cabeza.

En resumen, la gestión de todo el proceso de reforma supone una gran dedicación de algún directivo de la industria, que en la mayoría de los casos no suele estar sobrado de tiempo. ¿No sería más interesante contratar a un profesional que se ocupara de todas estas tareas?

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Publicado en: CONSTRUCCIÓN

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