¿PARA QUÉ SIRVE EL CERTIFICADO DE EFICIENCIA ENERGÉTICA?

En este artículo no vamos a explicar qué es, qué edificios tienen que poseerlo, cuáles están excluidos ni qué profesionales pueden redactarlo. Esto se puede ver en este enlace o en las innumerables páginas web destinadas al tema. Vamos a centrarnos en su utilidad.

La ley que lo regula dice que el propietario de un edificio, o de una  parte de él, que lo vaya a vender o alquilar debe poner el certificado o la Etiqueta de Calificación Energética a disposición del posible comprador o inquilino. Evidentemente, la primera utilidad del Certificado de Eficiencia Energética es cumplir la ley. El futuro dueño o inquilino del inmueble tendrá un elemento más para comparar diferentes opciones: saber en cuál serán de menor importe las facturas de consumo de energía.

En RISERCO pensamos que la verdadera utilidad del certificado se da en los edificios que no se van a vender ni alquilar. El certificado le dice al propietario cómo puede mejorar la eficiencia energética de su edificio. Esta mejora implica, por un lado, reducir la contaminación del medio ambiente y, lo que no es menos importante, ahorrar dinero.

El empresario que esté pensando en rehabilitar su edificio comercial o de oficinas, o en reformar su hotel o residencia de personas mayores, debe saber que, mejorando la eficiencia energética, recuperará en unos años la inversión realizada. Y a partir de ese momento, el ahorro en las facturas de consumo de energía hará reducir considerablemente los costes de explotación.

Para conseguir la eficiencia energética en una rehabilitación se debe actuar en dos frentes: reducir la energía demandada y conseguir que una parte de esa energía provenga de fuentes renovables.

Para reducir la energía demandada se debe mejorar el aislamiento térmico de las ventanas y de los cerramientos de fachada y de cubierta. También se puede, según la ubicación y orientación, integrar en la fachada elementos de sombra.

Otro aspecto que permite reducir la energía consumida es sustituir las instalaciones de iluminación, calefacción y de agua caliente por otras más eficientes: lámparas de led o de bajo consumo, calderas de condensación o de baja temperatura… También son muy interesantes las calderas que utilizan combustibles menos contaminantes: biomasa o electricidad procedente de placas solares fotovoltaicas.

La inversión económica en estas actuaciones se empieza a recuperar desde el primer día de su implantación gracias al ahorro en las facturas de los suministros de electricidad y de gas. Y se llega a amortizar completamente a los pocos años (entre 4 y 10, dependiendo de los casos) pasando a tener un ahorro neto en estos consumos.

Las administraciones públicas están muy interesadas en fomentar la eficiencia energética de los edificios, basta recordar que España ha tenido que pagar en los últimos años unos setecientos millones de euros para comprar derechos de emisión de CO2. En estos días, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha puesto en marcha el Plan PIMA SOL, que tiene como objetivo reducir las emisiones de CO2 fomentando el ahorro y la eficiencia energética en la rehabilitación de hoteles. Para ello, pagarán a los hoteles que se acojan al plan, durante 15 años, la cantidad de siete euros por cada tonelada de CO2 que se deje de emitir con la rehabilitación.

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Publicado en: EFICIENCIA ENERGÉTICA, REHABILITACIÓN

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