REFUERZO DE FORJADOS EN LA REHABILITACIÓN DE EDIFICIOS

Uno de los problemas que solemos encontrar en la reforma de edificios antiguos es que su sistema estructural no está preparado para soportar las cargas establecidas en la normativa actual. Esta circunstancia se ve acentuada si se produce un cambio de uso en el edificio rehabilitado: un inmueble construido en los años sesenta del siglo pasado, destinado a oficinas o viviendas, tenía  que soportar una sobrecarga de uso de 200 kg/m2. Para tener hoy uso comercial, ese edificio tiene que soportar los 500 kg/m2 que establece la normativa actual.

Estado inicial inferior1 En este artículo nos vamos a centrar en el refuerzo del forjado. Antiguamente los forjados sólo se calculaban a resistencia, no se limitaba su deformación (flecha). Tampoco tenían capa de compresión. Es muy habitual encontrar forjado de edificios en el centro de las grandes ciudades, construidos en las pasadas décadas de los cuarenta y cincuenta, con viguetas metálicas apoyadas en vigas también metálicas o en muros de carga. El entrevigado se hacía con doble rasilla de ladrillo que podía  tener forma de bóveda o de cielo raso. Sobre el ladrillo se echaba un mortero de cemento y arena bastante pobre hasta enrasar el ala superior de los perfiles metálicos. Y eso era todo, sobre el conjunto se colocaba el pavimento formado por baldosas hidráulicas y mortero de agarre. Esto nos da un forjado de unos 20 ó 22 cm de espesor en el que sólo trabajan las viguetas metálicas de 14 ó 16 cm de canto.

Además de su escasa capacidad portante, estos forjados tienen un comportamiento muy deficiente frente a las vibraciones y al aislamiento acústico.

Una solución que suele funcionar bastante bien en el refuerzo de este tipo de forjados es colocar una capa de compresión de hormigón armado sobre las viguetas metálicas. Así se aumenta el conto del forjado, trabajando la vigueta metálica a tracción y el hormigón de la parte superior, a compresión.

Antes de echar el hormigón se deben eliminar todas las cargas muertas que no trabajan estructuralmente. Se retirará el pavimento con su mortero de agarre hasta dejar limpias las viguetas metálicas y el entrevigado.

Refuerzo forjado1 Sobre las viguetas se colocará el encofrado perdido, formado por planchas de nervometal. Éstas se fijarán al ala superior de los perfiles metálicos mediante conectores de acero que harán que todo el conjunto, capa de compresión y viguetas, trabaje solidariamente.

Los conectores se fijarán a la vigueta mediante soldadura o disparo hidráulico de clavos, dependiendo de la soldabilidad del acero de los perfiles metálicos. Para decidirlo se debe realizar un ensayo en el acero de la estructura existente.

Antes de verter el hormigón se deben colocar los armados de reparto y de negativos. El primero está formado por mallazo electrosoldado repartido por toda la superficie del forjado y tiene como función repartir las cargas entre las viguetas y reducir el riesgo de fisuración. El armado de negativos se coloca sobre cada vigueta en la zona en la que se apoya en la viga. Con este armado se consigue dar continuidad a los vanos adyacentes, reduciendo así la flecha del forjado y los esfuerzos en el centro de los vanos.

Utilizando este sistema de refuerzo de forjados en la rehabilitación de edificios conseguimos aumentar considerablemente la sobrecarga admisible y, limitando la deformación del forjado, reducir el riesgo de aparición de fisuras en los tabiques.

Como desventaja, reducimos en unos 10 cm la altura libre de las plantas. Pero esto no representa ningún problema en la reforma de edificios antiguos que se suelen caracterizar por tener “techos muy altos”.

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